Cuatro jamaicanos forman el primer equipo de trineo de su país en competir en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de 1988. Cuentan con la ayuda de un ex ganador de oro olímpico deshonrado para entrenarlos a regañadientes. Sin embargo, cuando llegan a Canadá, los otros equipos los tratan como forasteros, que temen que solo logren avergonzar al deporte.